Por el post antepasado algunas personas me preguntaron o cuestionaron sobre el comentario de la carencia de cultura de Estados Unidos y su decadencia. Para ello es este texto en el cual se analiza al vecino incomodo al cual cariñosamente he bautizado como cáncer del mundo.
Su decadencia se desprende de su notable doble moral: Es el país precursor del capitalismo pero pregona discursos sobre las naciones pobres y supuestos apoyos. Habla de la paz en el mundo mientras usa métodos sumamente cuestionables para obtenerla (muy deficientemente). Balbucea mucho sobre democracia y soberanía pero se inmiscuye en los asuntos de países de otros continentes e interviene con capital y armamento en conflictos que no le pertenecen.
Cuando hablo de su carencia de cultura no me refiero a poca educación, sino que no tienen historia, tradiciones, raíces. Si de algo debe estar orgulloso México es de su cultura, algo que le falta en demasia a nuestro querido Gringolandia, para muestra algunos ejemplos: el día de muertos, las piñatas, los mariachis, cientos de grupos étnicos, infinidad de ruinas arqueológicas, una variedad gastronómica increíble, música folclórica, etc.
Sus trámites, sus reglamentos, sus procedimientos, inclusive su gente y sus modos evidencían el miedo y aversión que le tienen al mundo. La rigidez es exagerada y genera evidentemente descontentos tales como la masacre de Columbine o las explosiones sociales fuera del territorio como los spring breaks. Se siente a los estadounidenses como prisioneros de su propio país, como autómatas sin voluntad propia, robots.
Se dice un país de libertad. Nada más alejado de la realidad. Einstein lo dijo:
“Vine a Estados Unidos porque oí que en este país existía una gran, gran libertad. Cometí un error al elegir Estados Unidos como una tierra de libertad, y es un error que en el balance de mi vida ya no puedo compensar”
¿Y por qué hablo de Estados Unidos a todo esto? Porque en mi última visita a EEUU me percaté de la vergüenza que siento de vivir en México, que a pesar de tener tanto potencial, es el patio trasero de semejante adefesio de nación. Lo dijo muy bien Don Porfirio Díaz:
“¡Pobre México! Tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos”.
Claro que no faltará la observación de “¿entonces por qué vas para allá?”. La respuesta es simple: tienen el acuario más grande del mundo, ropa bonita y muy buenos precios en tecnología. ¿Pero eso hace a un país? Yo creo que no. Eso más bien conforma a un mercado gigantesco en donde lo único que no se puede comprar es la libertad y la identidad. He dicho.
Escrito por Graif Gestell
